La traición de las matemáticas
Se hacen llamar Ciencias Exactas. Con un orgullo que encuentro muy próximo a la pedantería. Parecen sentirse ofendidos por otras ciencias que consideran menores, contaminadas, meras aproximaciones a su alto concepto de la precisión y la abstracción más absolutas. Así, enarbolan la bandera de la Exactitud como quien echa en cara a la Física, a la Geología, a la Biología, sus devaneos con las opiniones y la subjetividad. Son saberes menores, enanos que se han de aupar a los hombros de un gigante para alcanzar, al menos, la dignidad necesaria para mirar a las Matemáticas a los ojos.
Pero no. Todo esto es una pose. Ya me parecía a mi que tanta ostentación había de ser impostada, una defensa de quien se sabe un puntito mentirosa y una pizca fraudulenta. Y es que dicen las Matemáticas que si asciendes y desciendes los mismos metros en un recorrido cualquiera, el saldo final es cero, y el resultado será el mismo que si nos hubiésemos desplazado siempre a la misma cota.
Dicen también las matemáticas - a quien ya me permito arrebatar la mayúscula - que la contribución negativa de la gravedad en un recorrido ascendente es igual a la contribución positiva de las pendientes descendentes. Eso se empeñan en cacarear las ecuaciones, engolados pregoneros de las medias verdades de estas traidoras. Pero no, a mi no me convencen, ya no. Hoy hemos estado haciendo prácticas por todo Madrid, partiendo de la calle Goya, descendiendo hasta la Cibeles, ascendiendo por la Castellana y Concha Espina -¡ay, Concha Espina!-, para terminar bajando... ¿bajando? por Príncipe de Vergara, hasta regalarnos con una última ascensión en la calle Goya para restablecer el saldo nulo de subidas y bajadas.
Y no, las contribuciones no se cancelan. Esos cuatro kilómetros de la Castellana son como la cucharilla del preso de película que poco a poco va cavando un túnel por el que huir de su encierro. Rac, rac, rac, rac, se desmenuzan las fuerzas, va cayendo el polvillo, la pared queda al borde del hundimiento... y cuando te regalan un tramo en descenso, no queda de donde extraer la fuerza, la velocidad, el empuje necesarios para que las matemáticas se queden satisfechas con el cumplimiento de su ecuación.
No puedo decir que haya quedado insatisfecho con el resultado de la carrera en términos comparativos, pero el tiempo conseguido no me dice gran cosa. ¿O sí? Pues sí, sí lo deja claro: -1 + 1 no siempre es igual a cero.

Pero no. Todo esto es una pose. Ya me parecía a mi que tanta ostentación había de ser impostada, una defensa de quien se sabe un puntito mentirosa y una pizca fraudulenta. Y es que dicen las Matemáticas que si asciendes y desciendes los mismos metros en un recorrido cualquiera, el saldo final es cero, y el resultado será el mismo que si nos hubiésemos desplazado siempre a la misma cota.
Dicen también las matemáticas - a quien ya me permito arrebatar la mayúscula - que la contribución negativa de la gravedad en un recorrido ascendente es igual a la contribución positiva de las pendientes descendentes. Eso se empeñan en cacarear las ecuaciones, engolados pregoneros de las medias verdades de estas traidoras. Pero no, a mi no me convencen, ya no. Hoy hemos estado haciendo prácticas por todo Madrid, partiendo de la calle Goya, descendiendo hasta la Cibeles, ascendiendo por la Castellana y Concha Espina -¡ay, Concha Espina!-, para terminar bajando... ¿bajando? por Príncipe de Vergara, hasta regalarnos con una última ascensión en la calle Goya para restablecer el saldo nulo de subidas y bajadas.
Y no, las contribuciones no se cancelan. Esos cuatro kilómetros de la Castellana son como la cucharilla del preso de película que poco a poco va cavando un túnel por el que huir de su encierro. Rac, rac, rac, rac, se desmenuzan las fuerzas, va cayendo el polvillo, la pared queda al borde del hundimiento... y cuando te regalan un tramo en descenso, no queda de donde extraer la fuerza, la velocidad, el empuje necesarios para que las matemáticas se queden satisfechas con el cumplimiento de su ecuación.
No puedo decir que haya quedado insatisfecho con el resultado de la carrera en términos comparativos, pero el tiempo conseguido no me dice gran cosa. ¿O sí? Pues sí, sí lo deja claro: -1 + 1 no siempre es igual a cero.
