Carrera del Dólico

Había boxeo, lucha, pancracio (o sea, etimológicamente, algo así como un "todo vale"), carreras de carros... y varios tipos de carreras de velocidad o resistencia. El estadio era una prueba de velocidad, cubriendo una distancia en torno a los 200 metros. El diaulo era la carrera del "doble estadio", unos 400 metros.
Finalmente, la resistencia de los atletas se probaba en el dólico, carrera de entre 4 y 5 kilómetros de longitud con salida y llegada en el estadio, y recorrida por las zonas circundantes del estadio. Y esto es, más o menos, lo que trata de revivir la Escuela de Estadísitica de la UCM. Una carrera de, según ellos, 4615 metros (en realidad, unos 4500) que sale y llega en la vetusta pista de ceniza del SEU, y que da dos vueltas en torno a este complejo, con lo que eso supone: una ración de cuestas importante, hoy aderezada con viento, y con algún obstáculo "natural" en forma de bolardos y paradas de autobús en medio del recorrido.
No obstante, la carrera me ha gustado mucho, por la facilidad para apuntarse, por ser gratuita y concentrar a poca gente -se corría de lujo-, y porque el gran nivel que siempre tiene anima a darle cera a las piernas. Este era el objetivo: competir en alguna carrera antes de Laredo con el objeto de coger chispa y ritmo. Así lo hemos hecho, además en una distancia corta para incidir en el aspecto agónico y coger una puntita de velocidad que sumar a todo el volumen que llevamos encima.
A fe que hemos salido rápido: calculo que, por referencias que tenía, hemos cubierto el primer mil en unos 3:25, con varias curvas y en continua subida. Desde ahí, a tratar de mantener el ritmo y no perder en exceso en las fuertes subidas con que nos obsequia el recorrido. He cometido un error táctico, tal y como luego me explicaba Carlos Domínguez: al ir a concluir la primer vuelta, se me ha unido él con otro atleta, y rápidamente me he encontrado bien y he apretado un pelín las tuercas, yéndome en el tramo de subida. Ellos al final me han pasado en la bajada de la segunda vuelta. Lección a aprender: guarda un pelo más subiendo para bajar más fresco y no perder comba en esos tramos.
Al final, contento con el resultado pues, comparando con otros corredores, parece que voy cogiendo forma y que el camino a Laredo no va mal. Al concluir, amena charla con los hermanos Domínguez, Dani, Juan Botella, conocidos de la Dehesa, Malagueta, Txamo, Felipem... ¡qué bonita mañana!
Ahora, a seguir entrenando, y me temo que escribiendo poco: mañana aterrizamos en Edimburgo, y a lo largo de 10 días estaremos entre Escocia e Irlanda. Cuando pueda, os cuento.