Haciendo hucha... y otros menesteres

El apunte atlético de hoy es más bien breve. Ayer ponía el programa 18 km de extensivo. Ya el lunes, al terminar los dosmiles, intuía lo que creo que va a ser una constante a lo largo de las próximas semanas: habrá que entrenar bien la calidad de los lunes y los miércoles, así como el intensivo. Pero los días de rodaje seguramente tendremos que tener mucho cuidado, porque de lo contrario el plan va a ser realmente cañero.
Así, la sensación que tenía ayer al rodar, era que convenía contenerse bastante para hacer hucha: acumular kilómetros a ritmo aeróbico para, por un lado, seguir poniendo ladrillos de base; por otro, para que las piernas encuentren recuperación. Así, hice casi 18 km a 4'25'' muy cómodo de arriba, pero con las piernas pesaditas. Hoy las sigo notando así, y seguro que los 500 me van a recordar ese cansancio muscular. De hecho, esto se notará aun más teniendo en cuenta que en las últimas semanas hemos hecho pocas cosas rápidas.
A ver cómo se da ese 15x500.
Y ahora, los otros menesteres: ya le he leído y escuchado varias veces a Vicente que "el corredor es una especie egoísta". No quería creerlo yo mucho, pero un ejemplo tras otro me viene convenciendo de lo contrario. Y las impresiones de otros colegas del correl (por ejemplo, Spanjaard), lo confirman: al fin y al cabo, el mundo de la carrera a pie es un subconjunto de la sociedad, y como tal tiene una muestra de lo mejor y lo peor de cada casa.
Por eso, el egoísmo está a la orden del día. Lo vemos en las salidas, con la gente que se sitúa sin miramiento donde no le corresponde y más estorba. O en esas carreras masificadas en las que grupos de amigos salen a trotar todos juntos en fila, sin que les puedas rebasar por activa ni por pasiva. O esos recortadores que más de una vez se te cruzan en la trazada y te obligan a frenar, rectificar, o saltar por encima de los bordillos.
Pero el caso más extendido es el del egoísta con beneficios tangibles, materiales. Todo esto viene a cuento, claro está, de la movida camisetil en la Media de Getafe. Es obvio que la organización modificó la manera de entregar la camiseta para facilitar el repartirlas por tallas. Pero se equivocaron en la manera de hacerlo, y al final el tiro salió por la culata. Una vez entregado el chip y recogida la opípara bolsa del corredor, pasábamos de mostrador y se nos daba la camiseta de la talla requerida, sin necesidad de presentar dorsal, chip ni ninguna otra acreditación. Esto se tradujo en que los pájaros más avezados vieron la oportunidad de llevarse dos o tres camisetas por barba, recogiendo una y otra vez las prendas ofrecidas. La cosnecuencia: por un lado, se atasca la entrega de camisetas; por otro, los últimos en llegar se quedan sin camisetas. Lamentable y pueril comportamiento de un buen puñado de egoístas. Qué triste.
Pero vamos, que no me pilla de sorpresa: en mi primera carrera, San Silvestre Vallecana Popular de 2003, al llegar a la meta y recoger los avituallamientos, veo con mayúscula sorpresa a grupos de gente robando, llevándose, parte de ese avituallamiento. Lo más alucinante es que lo que se llevaban eran enormes palés rebosantes de hermosas y valiosísimas botellas de agua mineral. Pa cagalse. Claro, habiendo visto eso en aquella primera toma de contacto con el mundo de las carreras populares, quedé curado de espanto. Manda huevos, que diría el otro.
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