Luchando contra los elementos

Ya conocemos la anécdota de la llamada Armada Invencible, que salió a la batalla convencida de su superioridad y salió trasquilada. Como siempre, las versiones difieren cuando se escucha a los vencedores y a los vencidos, pero parece claro que ni fue una gloriosa victoria inglesa, ni todo el fracaso español se aclara por el hecho de que Felipe II no hubiese "mandado a su naves a luchar contra los elementos".
Así me siento tras la media de Torrevieja. Está claro que con el tiempo que hizo no se podía sacar una gran marca, pero también es verdad que me parece demasiado perder tres minutos respecto de mi objetivo para la carrera. El caso es que esa mañana, al ver el tiempo que teníamos, con una lluvia abundante desde la madrugada, y un viento fuerte y racheado de levante, vi que el resultado se resentiría, pero al mismo tiempo decidí no rendirme y hacerlo lo mejor posible. Un planteamiento parecido al de la media de Donosti de Mayo pasado.
Las condiciones eran muy malas: agua continua, recorrido encharcado que no deja pisar bien, ni agarrar apropiadamente, y laguitos abundantes que hacen que los pies pesen un quintal. De propina, el viento. Ante esto, dos planteamientos: directamente bajas el ritmo entre 5 y 10 segundos de salida, para hacer una carrera regular, o sales con dos cojones y poca cabeza a marcar el ritmo previsto hasta donde puedas. Hice esto último.
Arrancamos con dos kilómetros en 3:35 y 3:37, pillamos el giro al extremo occidental del recorrido, y empezamos a pelar con el viento. Aquí me cruzo con Javi Maratoniano, que al verme tirando del grupo me grita que me cubra. Tiene razón, pero si me meto en el grupo, veo que el ritmo decrece. Así que tiro para coger a los que nos preceden. Con la mala suerte de que cuando los engancho, ya no es grupo, sino que se ha disgregado, y no hay manera de protegerse de los arreones de Eolo. Esto se traduce en que pasamos el 5 en 18:22 (3:40 de media), ya con ritmo perdido, y muchas fuerzas malgastadas. Además, sabiendo que de aquí al final no habrá manera de meterme al abrigo de ningún pelotón, y que lo máximo que puedo hacer es mantener el ritmo a base de intentar ir pillando a otros corredores.
Llego al 10 corriendo con un compañero de viaje que lo fue durante al menos 5 km, pero que claramente se iba a caer en cuanto hubiese un cambio de ritmo. Paso en 37:05, con parcial del 5 al 10 de 18:43 (3:45), muestra clara de que vamos para abajo. Y cuando giramos en el 12,5, los arreones del viento son ya tremendos. Ángel nos engancha, veo con terror que el k.14 se nos va a 3:57 (después de que del 10 al 13 hemos ido a un ritmillo mantenido de 3:45), trato de seguir su ritmo, y mi compañero se descuelga definitivamente. De aquí al 18 tendré siempre la referencia de Ángel a unos 25-50 metros. Seguimos bregando y peleando, pasando por el 15 en 56:09 (parcial de 19:04, a 3:49), pero poco a poco veo que el pulso cae. Le encuentro dos expicaciones: o bien la cabeza no es capaz de sacar ese puntito de sufrimiento necesario para afrontar los últimos kilómetros con verdaderas garantías, y cae el motor; o bien las fuerzas gastadas me imposibilitan para seguir el ritmo, y el cerebro directamente se pone en modo de ahorro, en línea con las explicaciones de Nono en el foro. Sea como sea, del 5 al 10 el pulso medio fue de 179 ppm, y del 10 al 15 es de 177 ppm.
Al final se me va el nuevo parisino, y voy penando hacia la meta (k. 20 en 1.15:28, parcial de 19:19, a 3:52 y 174 ppm), picando por mi crono 1.19:40. Es lo que hay, no sé lo que habría hecho en otras condiciones, pero dado el día arriesgué y no salió. Otra vez será.
Foto al paso por el k. 10